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Terra
La Coctelera

Todo tiene un final...

Como todo en la vida, hay un final para cada cosa. En mi caso, éste es el final de este blog que empecé un día con gran ilusión y que las responsabilidades diarias y las dificultades para conectarme a internet, han ido dejando en blanco, semana tras semana.
Mi intención era poder escribir los pensamientos que uno tiene a partir de muchos referentes y de mis propios intereses. Y eso requiere un tiempo o una facilidad para acceder a internet, que desgraciadamente no tengo.
Un beso y un profundo agradecimiento a todos los que algún día leísteis este blog y por supuesto a todos los que me habéis comentado algo al respecto.
Hasta Siempre.

"Un buda"

 Este fin de semana he vuelto a ir al cine y después de algunas semanas sin nada remarcable, lo cierto es que la película que vi el sábado me encantó.
Es argentina y su director es además uno de los actores principales. La película, más o menos, trata de la vida de dos hermanos que intentan superar la muerte de su padre, cada uno de una manera diferente. El mayor, Rafael (que además es el director de la película) es profesor de filosofía en la Universidad de Buenos Aires. Su manera de estar en el mundo es la de una persona hiper-racionalista, con poco contenido sentimental. Su hermano por contra está obsesionado con la práctica de la meditación y con las disciplinas ascéticas, en la búsqueda de un bienestar espiritual que no le da la vida cotidiana. A partir de esta caracterización, la película se desarrolla de una manera inesperada, con una conclusión final sorprendente, y la idea de que dos personas tan antagónicas aparentemente, en el fondo son más parecidas de lo que creen.
Os la recomiendo fervientemente. Así que ya sabéis, ir al cine y ver esta pequeña joya que, desgraciadamente, no encontraréis en las salas de circuito más comercial.
Más adelante (os dejo un tiempo prudencial para que la vayáis a ver...) ya reflexionaré sobre el contenido de la peli, que da para mucho. A mí, por ejemplo, me ha despertado un interés renacido por el zen y todo lo que supone esta "filosofía". Estoy leyendo algunos textos sobre zen y también sobre zazen (la meditación sentado), y espero volver de nuevo a la práctica, que tan necesaria (a la par que difícil) es para mi vida.

El camino de la Excelencia

Después de un tiempo sin escribir nada en este blog (estuve bastante enfermo), vuelvo de nuevo con ánimos renovados.
Hoy quería hablar de algo que está sucediendo en estos momentos y que, como pasa muchas veces con las cosas antes de que sean definitivas, sería importante analizar el proceso, antes de que el resultado sea definitivo.
Ayer leía, con cierto estupor, en el diario que la administración se está planteando cerrar aulas universitarias (por lo tanto, eliminará estudios) de carreras que, según dicen, no alcanzan las matrículas necesarias.
Al filo de esto, se me ocurren al menos dos cosas:
La primera, que la administración demuestra estar en la línea de la corriente mayoritaria de no respetar a las minorias. Estas carreras (casi un cien por cien de letras, curiosamente) son deseadas por pocas personas que, aún así, deciden orientar su vida a esos estudios, por la razón que sea. Como la administración siempre piensa en términos económicos, estas carreras con tan pocas matrículas no son rentables, y por tanto se han de clausurar. De esta manera, se priva a un número de personas (más grande o más pequeño) de orientar sus estudios hacia carreras que, aunque minoritarias, aún tienen personas que quieren dedicarse a ellas.
En segundo lugar, la sociedad del bienestar y el consumo, en su más perversa versión, nos lleva a pensar que hay carreras de primera y de segunda; que hay unas carreras que son prácticas e importantes para la sociedad (mayoritariamente aquellas orientadas a puestos de trabajo) y que hay otras que, al no ser tan prácticas y al no tener oportunidades laborales específicas (lo que significaría aumentar el número de parados...), es conveniente erradicarlas, de tal manera que las únicas que quedarán serán aquellas carreras que, económicamente sean productivas.
Mi queja es que no todos los estudios han de ir orientados al mercado laboral; que también hay personas (aunque seamos la minoría) que ya tenemos trabajo y que estudiamos para cultivarnos y tener un bagaje cultural (algo tan pasado de moda ¿¿¿¿verdad????) e incluso jovenes que más que preocuparles que les ofrece el mercado, prefieren adentrarse en estudios que les harán felices, al menos en un principio.
Por tanto, ¿no sería mejor dejar las cosas como están y además mejorar los currículos universitarios para dejar que todo el mundo ejerza su derecho a la formación?
Quizás es que cada vez nos quieren más tontos y, a la sazón, más dispuestos a el consumo y la irreflexión...

La vía mística

¿Qué soy? o ¿quién soy? ¿qué queda además de la imagen o constructo social? He aquí el "quid" de la vida.
La sociedad elabora unos modelos que nosotros mismos vamos asumiendo más o menos acríticamente. Sin darnos cuenta se establecen unos estereotipos sociales que vamos asimilando y que, con el tiempo, identificamos con lo que nosotros somos. Pero es un espejismo, es tan sólo una parte (y ni tan siquiera la más importante) de lo que en realidad somos. Pero es tal la influencia que la sociedad (y sus adláteres) tienen sobre nosotros, que nos quedamos atrapados en la superficialidad del modelo establecido y no vamos más allá, no hacemos el esfuerzo de trascender el imaginario social y procurar profundizar más en nuestra condición, en nuestra naturaleza. Esa es la vía mística.
Hoy en día es prácticamente imposible (por el desarrollo de nuestra vida cotidiana) alcanzar los estados extáticos y el conocimiento interior que tenían los místicos y místicas medievales (tan sólo algunos monjes recluidos en monasterios y dedicados en cuerpo y alma a Dios: "Sólo Dios basta").
Por tanto, ¿ha desaparecido la mística? Pues sí y no. Me explico. Ha desaparecido una cierta concepción mística del mundo y de la religión y buena parte de los sacerdotes y monjas han pasado a una praxis más mundana: como misioneros/as, ayudando a drogadictos, a indigentes, a enfermos, etc...
Pero, curiosamente, ese aparente alejamiento de la mística tal y cómo era conocida según los estudios de religiosos/as medievales, ha llevado a una vía mística alternativa: el rechazo del yo, el desapego, la caridad en su máxima expresión.
"Quién se pierda a sí mismo se encontrará", ya conocéis esta frase de los evangelios, y creo que puede entenderse perfectamente en este sentido.
Es precisamente todo esto lo que me lleva a pensar que la mística, aunque algo cambiada, no ha desaparecido y que esa vía (camino, método) es transitada por muchos hombres y mujeres que son capaces de renunciar a sí mismos y que encuentran a Dios siguiendo el ejemplo de Jesús: estando al lado de los marginados, de los que más lo necesitan.
"Señor, aparta de mí ese cáliz"
La duda, el miedo ante el sacrificio. Todos los héroes dudan (sólo bastaría leer algunos de los más famosos relatos de las diversas mitologías occidentales), están temerosos ante esa misión que les es desconocida pero que la acatan, porque saben que es su propio destino. Al final, los héroes realizan su tarea, como dice Victoria Cirlot: "...la figura del sacrificio, simboliza la vida del que se entrega, del que mata el "yo" para que viva el "tú"...".
Esa es la vía de la mística. Y se basa en el amor. Dar amor verdadero al prójimo para encontrar en uno mismo el amor del otro y, en definitiva, el amor de Dios. "Ama a tu prójimo como a ti mismo", dijo Jesús, y esa frase se podría interpretar de la siguiente manera: ama desinteresadamente a los demás para alcanzar el amor a ti mismo (autoestima) en su máxima expresión. Quien la interprete de otra manera (primero quererse a uno mismo para luego poder querer a los demás), está perdido, porque en la búsqueda de su propia autoestima se quedará anclado en un círculo infinito.
Si uno se deshace de su ego y se da a los demás sin medida, su autoestima le llega sola, como resultado directo de su propia acción. Precisamente, aquello que más se busca es lo que no se encuentra, por lo que uno no ha de buscar amarse primero a sí mismo para luego poder amar a los demás (cosa que no ocurre casi nunca), sino que ha de olvidarse de sí mismo y tener una actitud de entrega sin reservas (a veces con ciertas dosis de sacrificio) para superar el "yo" infeliz e insatisfecho y llegar a un "tú" o a un "nosotros" (en última instancia) que le hará, paradójicamente, encontrarse a sí mismo, a su interioridad, al Dios que vive en cada uno de nosotros, realizando así la vía mística tal y como la podemos entender en este siglo.
Es precisamente esa superación del ego insatisfecho y exigente, la que lleva al encuentro verdadero con el otro, y por ende, con Dios, que deja de ser un objeto más entre todos los objetos y se convierte en aquello inefable e indecible, ininteligible por nuestra limitada capacidad mental, en aquello que trasciende lo individual, pura luz que se manifiesta en lo comunitario de manera inmanente. Como dice Raimon Pannikar "lo inmanente de la trascendencia o lo trascendente de la inmanencia".
Y es que la mística de los monasterios, el ideal de vida monástica (como puede observarse en la lectura de los diarios de Thomas Merton), el ideal del silencio, la contemplación y la unión mística con Dios (muchas veces con resonancias quasi panteístas-paganas) es muy difícil para el ser humano de nuestros días. A no ser que ingreses en un monasterio; de todos modos, quién no lo haga (el 99.9% de nosotros) no debe renunciar a la mística. Simplemente han de entenderla, más que como una unión extática con Dios de manera individual, como un acercamiento a los demás de manera empática, con entrega verdadera, superando las tentaciones del "yo".
De hecho, el mal se representa en la iconografía simbólica cristiana en la figura del demonio. Pero la palabra 'demonio', si la analizamos etimológicamente, proviene del griego 'daimon', que Sócrates utiliza en los diálogos platónicos para hablar de la conciencia (o el "yo", podríamos interpretar). Ese 'daimon' debería ser diferenciado del concepto 'hypokeimenon' que utilizaba Aristóteles y que se podría traducir como 'Sujeto' (lo que subyace o está en el transfondo). Cuando Sócrates (por boca de Platón) hablaba de 'daimon' no estaba hablando de lo que, posteriormente Aristóteles entenderá por 'hypokeimenon'. 'Daimon' es el "yo" (o conciencia) y curiosamente esa palabra derivó posteriormente en el concepto 'demonio' como representante principal del mal en el mundo. Esto vendría a significar (y es mi interpretación) que debemos superar el 'daimon' que sería lo que nos hace mal y no nos deja ser felices y al trascenderlo, encontrar el bien y una felicidad más duradera.
De esa manera, alcanzaríamos un autoconocimiento mayor (sin ser buscado) que nos llevaría invariablemente a descubrir eso "intimor, intimo meo" que ya decía San Agustín.

Una reflexión sobre la necesidad de la cultura

"La cultura me parecía una compensación necesaria ligada a la infelicidad de nuestras vidas".
M. Huellebecq

Leyendo el libro de Michel Huellebecq "Plataforma", topé con una de esas frases que, si estás un poco atento y centrado en lo que lees, te golpea sin piedad en lo más profundo de tus convicciones.
¿Pero, qué quería decir, que tan sólo los que son infelices se preocupan necesariamente por la cultura? ¿que la cultura tan sólo es el refugio de los que no saben vivir la vida?
Éstas y otras preguntas, se me empezaban a amontonar en la cabeza, así que dejé por unos instantes la lectura y me puse a reflexionar sobre el tema.
En la novela, Michel, el protagonista, lleva una vida rutinaria, indolente, centrada en sí misma (característica común de los personajes de Huellebecq), pero en un momento dado, consigue ser feliz al lado de Valèrie, una chica que conoce en un viaje a Tailandia. Ante ese estado de felicidad, se da cuenta de que ya no necesita ni leer los diarios, ni leer libros, ni el arte en general; la felicidad es el centro de su vida y lo demás pierde su carácter prioritario, convirtiéndose en algo, no ya secundario, si no insignificante en el cómputo global de su presente.
¿Es esa la función real de la cultura? ¿cubrir los vacíos de vidas incompletas? En el fondo creo que hay mucha verdad en esta afirmación. Siempre he creído en la función terapéutica del arte y la cultura, en que a veces se escribe para desahogarse (o como decía María Zambrano, para decir aquello que, de tan verdad, no puede ser dicho de palabra...); la historia está llena de escritores, artistas, filósofos, etc. que a pesar de ser genios en sus respectivas disciplinas, tenían vidas vacías, llenas de sinsentidos, y precisamente ese arte (de la escritura, de la reflexión...) los sacaba por momentos de sus madrigueras para expresar su angustia vital en forma de obras de arte.
Entonces, si se escribe, se pinta o se filosofa por sacar del interior ese malestar y llenar vacíos, es completamente lógico pensar que los consumidores de libros, exposiciones de pintura, escultura, etc. y los que buscan en la filosofía una salida a sus problemas vitales, hagan precisamente uso de los productos culturales para llenar esos vacíos.
En mi caso, como no soy enteramente feliz, ni recuerdo haberlo sido nunca (siempre se dice que en la niñez, pero yo no me acuerdo...), necesito la cultura, seguramente en el sentido en que Huellebecq lo atestigua en su libro.
Lo que me llamó de verdad la atención de su frase, fue darme cuenta de que yo también era así, de que también necesito la cultura para llenar ese vacío de desesperanza que seguramente la vida occidental provoca con su frenética carrera a contrarreloj; con su consumismo feroz, disfrazado de valores positivos; con su competitividad, que crea frustración a aquellos que no pueden responder a sus altas exigencias (¡qué felices seríamos si comprendiésemos que somos más mediocres de lo que créemos ser!).
En fin, acabo con otra frase de Huellebecq, que leí en la exposición "Kosmópolis" del CCCB y de la que hablé en mi articulo anterior:
"¿Pero, quién piensa todavía en el arte cuando es posible la felicidad?"

Kosmopolis 06

El sábado pasado visité el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, donde por tercera edición se presentaba 'Kosmópolis', una propuesta literaria que mezcla diferentes géneros (video, aplicaciones informáticas, etc...)
He de decir que no pude ver todo, pues en un solo día (y encima yo sólo pude estar unas horas por la mañana) es imposible, pero de lo que pude ver, me quedo con la exposición "Seguir viu" (seguir vivo), una propuesta de video-arte a cargo de uno de mis escritores favoritos, Michel Huellebecq y Masbedo, un grupo de artistas italianos que reunidos con ese nombre, parece que son bastante importantes en el mundo del video-arte (pido perdón por mi ignorancia supina).
El espacio se dividia, como en un pasillo, en dos espacios: una pared a la derecha, con frases increíbles de libros del escritor francés y una TV que emitía un "making off" de uno de los videos más impresionantes: 'El mundo no es un panorama'.
A la izquierda, en primer lugar éste video, dividido en tres pantallas, realizado por Masbedo con idea original de Huellebecq. En él se puede ver a una chica que camina por las dunas volcánicas de una playa canaria (creo que se rodó en Fuerteventura)y llega a un espacio donde hay una especie de casa (en realidad son unos troncos montados en forma de casa, pero vacíos por dentro). Allí, totalmente desnuda, nos muestra la animalidad que el ser humano disfraza bajo su racionalidad, pero de la que no podemos escapar por mucho que queramos. Sus gestos, sus expresiones y movimientos me impresionaron mucho, me hicieron pensar que pese a que nos consideremos seres superiores, no estamos tan lejos de los animales como creemos.
A continuación venía una televisión que mostraba la, de momento, única experiencia cinematográfica de Huellebecq, un corto titulado 'La Rivière', de alto contenido erótico.
Al final de todo, una gran televisión de plasma nos mostraba al escritor francés en una entrevista, diciendo cosas realmente fantásticas sobre la literatura y su forma de ver el mundo.
Me encantó (como podéis apreciar por mi entusiasmo) y la recomiendo. Los que vivís en Barcelona lo tenéis más fácil, ya que estará en el CCCB hasta el 19 de noviembre.

Meditación para jóvenes

Soy un gran amante de la filosofía oriental y de todo el modo de vida que conlleva. Medito en muchas ocasiones (no con la regularidad que debería...) e intento aplicar a mi vida cotidiana muchas de las enseñanzas que encuentro en libros como el Dhammapada, la Bagavag Gita o el Tao Te King.
Hace unos días, rastreando por internet alguna cosa relacionada con la meditación, fui a parar a una página en la cual se explicaba un proyecto que ha realizado un profesor de filosofía de un instituto catalán, que consiste en aplicar la meditación a las clases.
Teniendo en cuenta la dispersión que tienen nuestros jóvenes en general (y no entro a discutir si es por la televisión, los videojuegos o todas estas cosas...), me pareció una idea fantástica, ya que con tan sólo unos 10 minutos de meditación al comienzo de la clase, aunque luego te queden solo unos 40-45 minutos para explicar, aprovechas mucho más ese tiempo que no hacer los 50-55 minutos que dura teniendo a los alumnos dispersos.
Lógicamente, los alumnos deben ver con interés esa actividad (generalmente es así), porque si no, es inútil su aplicación. Por tanto, primero explicar un poco qué es eso de la meditación y para qué se puede hacer servir, tanto en la clase como en la vida personal de cada uno. Luego, empezar la práctica meditativa; y con el tiempo, los alumnos realizan la práctica de manera más regular y consiguen un estado de bienestar interior, de sentirse más centrados, indispensables para un buen aprovechamiento de las clases.
Yo empezaré dentro de poco a ponerlo en práctica. Ya os diré como me está yendo.

El engaño de la moda

Fui el viernes a ver "El diablo viste de Prada" bastante exceptico ante lo que pensé que era una "americanada" en toda regla. Lo cierto es que me sorprendió porque no era lo yo esperaba.
La estructura de la película es clásica en películas de comedia americana actual, pero el contenido (basado en un libro, por cierto) es mucho más aprovechable de lo que pudiese parecer en un principio.
No explicaré demasiadas cosas sobre la película , por si a alguien le "pica el gusanillo" y decide ir a verla, pero si me gustaría comentar algo acerca de lo que me sugirió.
En primer lugar, fui muy consciente de lo que significa el mobbing en un trabajo. No es el clásico mobbing que se hace en una empresa para intentar amargar la vida a alguien, sino un tipo de actitud de presión constante del que manda sobre el mandado para obtener unos resultados que si no se corresponden con lo deseado por el jefe, entonces supone el despido de la persona que ha de hacer el trabajo. Por mi trabajo, esto no se me ha presentado, ya que hay una igualdad entre los compañeros (hasta los "jefes" son compañeros que durante un tiempo mandan y luego vuelven a ser "soldados rasos"); por supuesto que hay quien te cae mejor y peor pero no hay demasiados problemas.
En segundo lugar, vi lo difícil que resulta vivir en un trabajo donde la competitividad es feroz. La chica de la película no quería en realidad trabajar en aquello (ella aspiraba a otra cosa), pero sabe que no le queda más remedio que aguantar para poder estar el tiempo suficiente (¡¡¡¡un año!!!!) y luego aspirar a algo mejor. Para mí sería imposible aguantar las humillaciones que recibe la protagonista, creo que la dignidad de una persona vale mucho más que un puesto de trabajo, aunque sea en la empresa más importante del mundo.
En fin, creo que sería un tema para hablar "largo y tendido" pero por mor de la simplicidad y para no agobiar al personal, lo dejaré aquí.
Como siempre, estoy abierto a cualquier comentario sobre el tema, tanto si habéis visto la peli como si no.